24 jun. 2011

Mona




5 abr. 2011

Laberinto

Es un laberinto de paredes demasiado altas, al menos para mí, un encierro definitivo como el de la piel, que abriga pero también asfixia.


Esas llaves, las mismas de siempre, no paran de cerrar las mismas puertas que se empecinan a quedar abiertas.

¿Y vos? ¿De qué lado de la puerta principal te vas a quedar? Porque cuentan que los miedos que habitan el laberinto temen cerrar algunas para ya no abrirlas más.

11 feb. 2011

El cansancio y el miedo andan visitando algunos sueños. Hay puños que no se vencen al inconsciente y siguen firmes aún durmiendo. Es que, hay voces que siguen recitando incoherencias y oídos que se siguen prestando a escucharlas. Como si el pasado fuera el presente y el presente el recuerdo borroso del pasado, pero eso no tiene sentido.


Entonces, será cuestión de que la calma ponga cada visita en su lugar, y esos que pueblan sueños ocupen otro lugar en la dimensión de lo impalpable, el pasado se ubique en la línea virtual del tiempo y los puños sean manos, nada más.

Quizás, sólo haya que tomar distancia, aquella distancia tan anunciada que anda vagabundeando otros cuerpos. La distancia que no recuerda de sueños o de momentos en el tiempo.

16 dic. 2010

Invitación http://anicoc-ina.blogspot.com

Están todos invitados a leer el blog...con tonadita a lo María Elena Walsh

Sé de mucha gente que se motiva con música al palo para limpiar, así alguno que otro habrá visto a alguien moviendo el cuerpo mientras menea el escobillón al ritmo de una Salsa. Yo prefiero menear el cucharón en la salsa al compás de un Pedro Aznar, por qué no un Serú Giran. Ahora, ya sabe, si usted quiere, está invitado a espiar mi cocina, mientras la música abraza el contorno de las ollas y los borbotones de un guiso hacen la percusión

15 oct. 2010

Tristeza (Siempre será lo que es, la petiza gordita y despeinada. O quizá, siempre recordará lo que fue)

Tristeza envejece pero no muere, cada tanto agoniza y recupera fuerza con el desprecio y la soledad. Cuando se mira en el espejo, a veces, aparece en un túnel la secuencia nefasta de su infancia. Iba a la escuela con vestidos oscuros y peinados horrendos, nada se podía hacer para iluminarla. Sus ojeras eran tan intensas que parecían cucos violetas y su pelo era rebelde y gritón adornando de manera patética su corta estatura.

Yo era amiga de Tristeza, nos sentábamos juntas en el colegio y nos gustaba leer el “billiken” a escondidas con una taza gigante de chocolatada. La plaza nunca era tan atractiva como aquellas novelitas con olor a viejo y papel amarillento. Sobre todo, porque compartíamos esa incapacidad para coordinar los pedales y la bici se convertía en un juego peligroso. O quizá sólo teníamos mucho miedo.

Tristeza creció y nos distanciamos, nunca del todo, nuestra amistad parece superar los embates del tiempo y el destino. Y aunque no nos digamos nada, las dos sabemos lo que pasa. Ella está muy enferma, ya no merece sufrir en el recuerdo, merece desparecer (morir) dignamente junta a las bellas piezas que alguna vez escribió y se adelantó a enterrar como presagio de su destino. Pero es caprichosa y fuerte a la vez, resiste, resiste aún teniendo poca convicción de que valga la pena vivir entre penumbras y llanto. Resiste entre sus rulos rebeldes, sus ojeras intensas y sus piernas cortas, resiste sin saber por qué, resiste haciendo fuerza para tener sentido. Por qué las cosas qué ve se transforman según los espejos, y a veces no logro hacerla entender que hay espejos que es mejor romper. Qué la mala suerte no existe sino malos fabricantes de espejos.

12 ago. 2010

¿Qué ves cuándo me ves?

Luego del almuerzo en la oficina me enteré que estoy gorda y vieja, mi asombro fue grande. Aunque lo de vieja lo adjudico más al miedo y la envidia de aquellos que arrimando a los cuarenta por alguna razón ven a mis “todavía no 30” como un “casi tarde”, porque viejos son los trapos y conozco a gente de 50 con mejor espíritu que algunas de estas gentes.

La gordura, o la casi gordura o el camino a la gordura al parecer es una especie de infierno que acecha mi vida, un cuco siniestro del cual yo no me enteré, pero al parecer va a imposibilitar mi “re-inserción en el mercado”. Cual mercadería no fresca (vieja) y grasosa seré descartada del cumulo de bellas mujeres entregadas al sacrificio del hambre y el gimnasio. Sí, tengo unos kilos, quizá unos cuantos, demás, pero ese no es el problema, sino que no demuestro los deseos de un cuerpo perfecto, delgado y firme, listo para ser ¿mostrado?. Cuál es el precio que debería pagar para tener un mundo lleno de posibilidades? Dejar de ser yo, tan poco ¿mujer?.

No soy de las nenas que en su estado de “feisbu” ponen “tres Kilos menos y contando!” , me daría bastante pena que mi búsqueda personal sea estar más flaca, prefería más bien un “algo” circunstancial. Sin embargo, al parecer, peor está mostrar los deseos de comer, de disfrutar el placer de la buena comida. Porque soy mujer y me sacrifico, porque soy mujer y la única manera de conseguir un “alguito” es estar buena, sino seré soltera.

En la charla se escucharon cosas peores, como ¿qué inventaron las mujeres en la historia?, prefiero que después de estar conmigo se ponga de novia con otro y no “pase” por un montón, baúl rural, y lo más indignante “las mujeres tienen las mismas oportunidades que los hombres”.

Porque, yo no me enteré, pero el aborto es legal en todo el mundo, ya no quedan religiones que tapen de cuerpo entero a las mujeres y las apedreen por adulteras, ya cobramos lo mismo si ocupamos un cargo jerárquico y la justicia nos defiende de la violencia (física y psicológica) de manera concienzuda y eficiente, no existe la trata de personas, somos ampliamente respetadas en el ámbito de lo público. Ya no somos un adorno semidesnudo en las pantallas para acobijar a algún conductor medio pelotudo intentando ser gracioso y “copado”. Debería estar mejor informada y más flaca, ¿no?.

30 jul. 2010

Llueve

Llueve, la ciudad es un mar de señores y señoras con paraguas, cada uno ocupa tanto lugar como dimensiones tiene su elemento protector del agua.

Nadie o ninguno o “naides” o cero en unidad muestra disposición de, con elegancia, dar paso o espacio a otro u otros. Más bien, los paraguas son la excusa perfecta para la arena de lucha de espacios.

Llueve para todos, pero cada uno tiene para sí más lluvia de lo que tiene el otro, entonces con enojo y hasta una exhalación de aire mostrando disconformidad empuja para pasar y llegar antes, porque, claro, se está mojando.

Como todos.