Pasó el ruido, el sol se escondió, la niebla se disipó entre las calles, las risas agotaron su ruido, levemente los autos ya no revelaron su transitar por el pavimento lastimado. El día termina…y mi mejor amiga me escucha una vez más.
Ella espera mis confesiones, aguarda que vuelva a contar la misma historia, soporta mi llanto, supera el hecho de que empiece la disertación otra vez, permite que sea yo quién de las dos elijamos la música.
Es mi única testigo, ella realmente conoce mis secretos, y espera cada noche que yo vierta mi miedo más tembloroso, conoce la tristeza de mis ojos al encontrarme nuevamente en la penumbra, sola, frente a ella, inventando historias que se visten de belleza.
Quizá no tenga nada nuevo, la tinta no bautiza su blancura, nace del pecado de conocer su destino, acepta quedar escondida tras la fatiga de la superación y la mentira. Ella me acepta tal y cual como soy, no me aconseja. No me protege de ningún peligro, ni siquiera de mí.
Ella me observa, mientras intento envenenarme con un jazz, abrazada a las sábanas fundidas por mi nido de sal.
10 sept 2008
8 sept 2008
déjà vu
La reiteración se apodera de mi mente, juega conmigo, me somete a trucos que inesperadamente me sorprenden. Es como ese francés engaño de la mente que ve como una premonición la simple casualidad de que todo se parezca tanto.
El padecimiento que acuso me soborna, me subleva a escribir veintena de veces la misma historia, como si el argumento fuera único. Primero repetí este cuento de los viajes en colectivo hasta el cansancio, aunque en ese aspecto me defiendo, la mitad de mis horas las paso arriba de ellos. Mi vida es un viaje interminable, y no me vengan con que la de ustedes también, estoy a punto de armar un grupo en fasebook que se llama “tengo un bulo en el 55”. Después de agotar(me) sobre este menester arribé al espantoso claustro de la falta de ideas, esta ausencia remota y absorbente que me anula, que no dice nada, que me fatiga de ausencia.
No me acuerdo bien la persona, el lugar o la circunstancias, una vez alguien dijo que en su epitafio quería que dijese: “hoy nada logró sorprenderme”. Ahora ustedes se preguntaran a que demonios, por no decir otra cosa, viene eso. La respuesta es simple, así tenga que reiterar todo, porque en mi mente viaje un avión donde los pasajeros son tres verbos, diez sustantivos, veinte adjetivos y una par de conectores locos, no voy a dejar de escribir. Porque aunque los recursos sean escasos, los tiempos (verbales) inexactos, las palabras haraganas, sigo encontrando excusas que me sorprenden para poner el motor en marcha y sobrevolar con el miedo como equipaje en los bastos campos de las desnudas hojas a la espera de historias.
El padecimiento que acuso me soborna, me subleva a escribir veintena de veces la misma historia, como si el argumento fuera único. Primero repetí este cuento de los viajes en colectivo hasta el cansancio, aunque en ese aspecto me defiendo, la mitad de mis horas las paso arriba de ellos. Mi vida es un viaje interminable, y no me vengan con que la de ustedes también, estoy a punto de armar un grupo en fasebook que se llama “tengo un bulo en el 55”. Después de agotar(me) sobre este menester arribé al espantoso claustro de la falta de ideas, esta ausencia remota y absorbente que me anula, que no dice nada, que me fatiga de ausencia.
No me acuerdo bien la persona, el lugar o la circunstancias, una vez alguien dijo que en su epitafio quería que dijese: “hoy nada logró sorprenderme”. Ahora ustedes se preguntaran a que demonios, por no decir otra cosa, viene eso. La respuesta es simple, así tenga que reiterar todo, porque en mi mente viaje un avión donde los pasajeros son tres verbos, diez sustantivos, veinte adjetivos y una par de conectores locos, no voy a dejar de escribir. Porque aunque los recursos sean escasos, los tiempos (verbales) inexactos, las palabras haraganas, sigo encontrando excusas que me sorprenden para poner el motor en marcha y sobrevolar con el miedo como equipaje en los bastos campos de las desnudas hojas a la espera de historias.
4 sept 2008
Viene o no Viene
Si viene es todo un tema, porque nunca viene en el momento preciso. Si no viene es peor, está más que claro que uno la está esperando, todos nos quedamos más tranquilos si viene. El tema es que “las ideas” son caprichosas, y sé que es un tema recurrente en mis últimos escritos. Pero realmente tengo la necesidad de plasmar en una hoja blanca que espera una idea brillante, la angustia que me significa que no llegue, que no venga.
No voy a decir que planeo escribir un best seller, hace ya largo rato que me di cuenta que no soy de esas personas que frecuentan el éxito. Más bien, soy de las que prueban los sin sabores de la vida, de esas personas a las que todo les cuesta demasiado. Cuando digo todo, es todo. Todo es la amistad, el trabajo, el amor, la familia, la tristeza. La única cuestión que puede llegar a sentirse salvada es el placer. Porque el placer resiste a todo lo anterior, porque el placer es una necesidad y un instinto de tal naturalidad que hasta se lo ve revestido de inocencia. Puedo sentir placer en cosas simples, como por ejemplo saborear un té de rosa mosqueta mientras suena “Barro tal vez”, los carnosos labios de algún amante, siempre mejor seguidos por susurros y caricias..., el placer no se resigna, aparece, como la risa o las lágrimas, es siendo, es deíctico, es tautológico, es propio, impropio y ajeno.
No voy a decir que planeo escribir un best seller, hace ya largo rato que me di cuenta que no soy de esas personas que frecuentan el éxito. Más bien, soy de las que prueban los sin sabores de la vida, de esas personas a las que todo les cuesta demasiado. Cuando digo todo, es todo. Todo es la amistad, el trabajo, el amor, la familia, la tristeza. La única cuestión que puede llegar a sentirse salvada es el placer. Porque el placer resiste a todo lo anterior, porque el placer es una necesidad y un instinto de tal naturalidad que hasta se lo ve revestido de inocencia. Puedo sentir placer en cosas simples, como por ejemplo saborear un té de rosa mosqueta mientras suena “Barro tal vez”, los carnosos labios de algún amante, siempre mejor seguidos por susurros y caricias..., el placer no se resigna, aparece, como la risa o las lágrimas, es siendo, es deíctico, es tautológico, es propio, impropio y ajeno.
24 ago 2008
La nada supera las razones; la cumbre de los vencidos se tropezó entre las manos frágiles de un conquistador valiente.
Los débiles esperaban su llegada en un panteón de cadáveres de hombres fuertes para beber su sangre.
Los unos se fagocitan entre los otros, esperan alimentarse de sus falencias y convertirse en unidades completas.
Una pequeña niña se cubre con telas viejas, los pies desnudos sobre la tierra, la mirada al cielo y un secreto entre las manos, espera su destino.
Aguarda inconsciente la muerte.
Los débiles esperaban su llegada en un panteón de cadáveres de hombres fuertes para beber su sangre.
Los unos se fagocitan entre los otros, esperan alimentarse de sus falencias y convertirse en unidades completas.
Una pequeña niña se cubre con telas viejas, los pies desnudos sobre la tierra, la mirada al cielo y un secreto entre las manos, espera su destino.
Aguarda inconsciente la muerte.
2 jul 2008
18 jun 2008
El Juego (perder para poder encontrar)
Lo que más le duele es saber que se había anticipado al juego. Desde el primer movimiento conocía el fatídico desenlace, esos quiebres que se producirían en la última jugada, pero no cree en el destino.
Aunque sin éxito, logró engañarse en el punto medio, congeló la jugada, el todo resumido a un casillero. Las otras piezas se cayeron sobre el tablero como inmoladas por la verdad.
(Un manojo de frases viejas giran para tener sentido, distinto, igual, totalmente diferente)
Si usted así lo desea juegue; cambie todo a la primera persona del singular o bien congele el juego como a un recuerdo, ahí en el horizonte desterritorializado de la memoria
Aunque sin éxito, logró engañarse en el punto medio, congeló la jugada, el todo resumido a un casillero. Las otras piezas se cayeron sobre el tablero como inmoladas por la verdad.
(Un manojo de frases viejas giran para tener sentido, distinto, igual, totalmente diferente)
Si usted así lo desea juegue; cambie todo a la primera persona del singular o bien congele el juego como a un recuerdo, ahí en el horizonte desterritorializado de la memoria
14 jun 2008
La Mente en el Andén
El esfuerzo era enorme, desde hacía dos meses no salía nada inteligente de su boca. Más de una vez pensó en matarse, lo sé, vivo en su mente. Lo observo mirar las vías, inmensamente seducido, como con las piernas de una mujer, tan extensas y filosas como eternas y frías. La eterna Duda…… nunca creyó realmente en dios, así que no sabe que esperar. Cree que no tiene nada que perder, pero la verdad es que el miedo de perder esa nada le congela las piernas.
Casi sin meditarlo se baja en la segunda estación, recorre el andén con la mirada de pleno al suelo, los hombros caídos y una lágrima que por cobarde no visita al suelo. Un día más, tan igual a los otros y la nada que se disipa en los días de un almanaque amarillo. El sol le pega en la nuca, el calor le da in instante de bienestar. Pero lo peor vuelve a suceder, todos esos recuerdos vuelven a él. Tal vez seria mejor perder la memoria, maldice haber nacido “ser humano”. Mira el andén, una vez más, nadie pareciese verlo.
La retina poblada de imágenes de un tesoro que preferiría enterrar, se convierte en la asesina de su sensatez. Es invisible, en el intento de navegar pos su soledad, se convirtió en un ser de poca luz, intrascendente. Esa escasa fertilidad de palabras con la que se acercaba a los demás era su condena.
Cada día pasa tratando de encontrar en el viento, en la tierra, en el sol, aquellas sensaciones que alguna vez le llenaron el pecho y que hoy lo matan de apoco. Perdió la claridad en sus pensamientos, sus ojos reflejan la oscuridad que inunda su alma. La estación vacía pareciera hablar de él.
Entregarse, una voz de la conciencia le dicta la sentencia, pero su rutinario modo de existencia lo cohíbe. Sólo ese recuerdo yace inmutable, la mujer de siempre, desnuda, tendida sobre su cama y sus manos masculinas intentando burlar el paréntesis que simplifica su cuerpo.
La busca en las líneas de su piel. Sus ojos se nublan en lágrimas. Un
estruendo lo vuelve a la realidad, el tren se acerca, su respiración se
agita, la vida misma clava sus pies al piso, lucha. Morir de a poco, morir
en un instante, que importancia tiene? Un grito crece dentro de él mientras
el tren se acerca cada vez más. Una mujer pasa por su lado, sin detenerse lo
mira un instante, sonríe y sigue su camino.
No es el mismo, busca los hechos que doblaron sus sueños, es la representación de todos aquellos que intentaron convertirlo en su víctima. Hoy, absolutamente inerte de fantasías conforma la reacción de su voluntad.
Y nuevamente la mujer, de su plexo emanaba aromática femineidad, una mezcla entre pasión y ternura que lograba enredarlo para transformarlo en una fiera. Sus dos ojos brillantes, claramente posados en los suyos invitándolo a conquistar su cuerpo, profanando sus deseos.
Sus manos se vuelven fuertes, posibles de sentir. Saborea ya en el aire, su deseo primitivo de vivir. Entiende que están hechos los hombres, él mismo.
Un pequeño retazo de algodón cubriendo su sexo y desplegada sobre el lecho lo espera, el fino cabello negro desparramado sobre la almohada. Atentamente la vigila, la experimenta con distancia, guardando para sí el placer de contemplar algo que no se tiene y se desea, no sea ya no se lo quiera después.
Encuentra en su pecho un latir descontrolado, que se confunde de dolor y pasión. Muestra los dientes como un animal hambriento, listo para desgarrar cualquier límite para convertirse en uno para siempre por un instante. La fuerza que mueve su cuerpo va más allá de su razón y entendimiento. No quiere volver a morir jamás, ya no es el mismo.
El sonido lo desvela, perdió milésimas de su vida, tieso, estático en el anden mientras su cerebro reproducía la noche que no distinguía entre lo real y lo imaginario. Podría pasar años en sesiones de terapia, consultar a gurúes, encontrar su talismán, o adoptar una geisha. Ese instante, tan igual, tan diverso, la mujer, el placer, pertenecían a la cornisa del entendimiento, fuera de las fronteras de su razón. Causa viva de que esas vías seguían esperando, audaces, su cuerpo.
Lo sé, vivo en su mente.
Davigolas y Clepsidra.-
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