16 dic 2010

Invitación http://anicoc-ina.blogspot.com

Están todos invitados a leer el blog...con tonadita a lo María Elena Walsh

Sé de mucha gente que se motiva con música al palo para limpiar, así alguno que otro habrá visto a alguien moviendo el cuerpo mientras menea el escobillón al ritmo de una Salsa. Yo prefiero menear el cucharón en la salsa al compás de un Pedro Aznar, por qué no un Serú Giran. Ahora, ya sabe, si usted quiere, está invitado a espiar mi cocina, mientras la música abraza el contorno de las ollas y los borbotones de un guiso hacen la percusión

15 oct 2010

Tristeza (Siempre será lo que es, la petiza gordita y despeinada. O quizá, siempre recordará lo que fue)

Tristeza envejece pero no muere, cada tanto agoniza y recupera fuerza con el desprecio y la soledad. Cuando se mira en el espejo, a veces, aparece en un túnel la secuencia nefasta de su infancia. Iba a la escuela con vestidos oscuros y peinados horrendos, nada se podía hacer para iluminarla. Sus ojeras eran tan intensas que parecían cucos violetas y su pelo era rebelde y gritón adornando de manera patética su corta estatura.

Yo era amiga de Tristeza, nos sentábamos juntas en el colegio y nos gustaba leer el “billiken” a escondidas con una taza gigante de chocolatada. La plaza nunca era tan atractiva como aquellas novelitas con olor a viejo y papel amarillento. Sobre todo, porque compartíamos esa incapacidad para coordinar los pedales y la bici se convertía en un juego peligroso. O quizá sólo teníamos mucho miedo.

Tristeza creció y nos distanciamos, nunca del todo, nuestra amistad parece superar los embates del tiempo y el destino. Y aunque no nos digamos nada, las dos sabemos lo que pasa. Ella está muy enferma, ya no merece sufrir en el recuerdo, merece desparecer (morir) dignamente junta a las bellas piezas que alguna vez escribió y se adelantó a enterrar como presagio de su destino. Pero es caprichosa y fuerte a la vez, resiste, resiste aún teniendo poca convicción de que valga la pena vivir entre penumbras y llanto. Resiste entre sus rulos rebeldes, sus ojeras intensas y sus piernas cortas, resiste sin saber por qué, resiste haciendo fuerza para tener sentido. Por qué las cosas qué ve se transforman según los espejos, y a veces no logro hacerla entender que hay espejos que es mejor romper. Qué la mala suerte no existe sino malos fabricantes de espejos.

12 ago 2010

¿Qué ves cuándo me ves?

Luego del almuerzo en la oficina me enteré que estoy gorda y vieja, mi asombro fue grande. Aunque lo de vieja lo adjudico más al miedo y la envidia de aquellos que arrimando a los cuarenta por alguna razón ven a mis “todavía no 30” como un “casi tarde”, porque viejos son los trapos y conozco a gente de 50 con mejor espíritu que algunas de estas gentes.

La gordura, o la casi gordura o el camino a la gordura al parecer es una especie de infierno que acecha mi vida, un cuco siniestro del cual yo no me enteré, pero al parecer va a imposibilitar mi “re-inserción en el mercado”. Cual mercadería no fresca (vieja) y grasosa seré descartada del cumulo de bellas mujeres entregadas al sacrificio del hambre y el gimnasio. Sí, tengo unos kilos, quizá unos cuantos, demás, pero ese no es el problema, sino que no demuestro los deseos de un cuerpo perfecto, delgado y firme, listo para ser ¿mostrado?. Cuál es el precio que debería pagar para tener un mundo lleno de posibilidades? Dejar de ser yo, tan poco ¿mujer?.

No soy de las nenas que en su estado de “feisbu” ponen “tres Kilos menos y contando!” , me daría bastante pena que mi búsqueda personal sea estar más flaca, prefería más bien un “algo” circunstancial. Sin embargo, al parecer, peor está mostrar los deseos de comer, de disfrutar el placer de la buena comida. Porque soy mujer y me sacrifico, porque soy mujer y la única manera de conseguir un “alguito” es estar buena, sino seré soltera.

En la charla se escucharon cosas peores, como ¿qué inventaron las mujeres en la historia?, prefiero que después de estar conmigo se ponga de novia con otro y no “pase” por un montón, baúl rural, y lo más indignante “las mujeres tienen las mismas oportunidades que los hombres”.

Porque, yo no me enteré, pero el aborto es legal en todo el mundo, ya no quedan religiones que tapen de cuerpo entero a las mujeres y las apedreen por adulteras, ya cobramos lo mismo si ocupamos un cargo jerárquico y la justicia nos defiende de la violencia (física y psicológica) de manera concienzuda y eficiente, no existe la trata de personas, somos ampliamente respetadas en el ámbito de lo público. Ya no somos un adorno semidesnudo en las pantallas para acobijar a algún conductor medio pelotudo intentando ser gracioso y “copado”. Debería estar mejor informada y más flaca, ¿no?.

30 jul 2010

Llueve

Llueve, la ciudad es un mar de señores y señoras con paraguas, cada uno ocupa tanto lugar como dimensiones tiene su elemento protector del agua.

Nadie o ninguno o “naides” o cero en unidad muestra disposición de, con elegancia, dar paso o espacio a otro u otros. Más bien, los paraguas son la excusa perfecta para la arena de lucha de espacios.

Llueve para todos, pero cada uno tiene para sí más lluvia de lo que tiene el otro, entonces con enojo y hasta una exhalación de aire mostrando disconformidad empuja para pasar y llegar antes, porque, claro, se está mojando.

Como todos.

30 abr 2010

En la ¿ardua? tarea de encontrar el buen humor

El buen humor, un tipo bastante caprichoso, suele jugar a las escondidas conmigo. No todas las mañanas estoy dispuesta a buscarlo, más bien me resigno a su presencia, y encuentro en todo una buena excusa para olvidarlo o hasta justificar su ausencia.

El tren hasta las pelotas con gente mal-oliente y bruta, ese mail del trabajo que te pregunta por enésima vez si hiciste eso. El dolor de cabeza y la pesadilla que no me dejó dormir. El perrito del vecino que no dejó de llorar toda la noche. El bondi que pasó incontables veces despertándome. Esa gotita de agua que no logro que deje de caer en la canilla del baño. No recordar si cerré la puerta del lavadero, recordar que no saqué la basura y mañana me va a inundar el olor a muerto. Y descubrir súbitamente y sentada en el inodoro que se terminó el papel y voy a tener que ir en culo a buscar el otro rollo, que como no tengo un puto lugar más para guardar cosas está alto bien alto.

A veces busco el buen humor; en una clase de baile, otras en una peli o un programa de radio, no tanto en la tele porque dejó de causarme gracia hace un tiempo salvo algunas excepciones (hablo de la tele de aire, no tengo ni tendré cable por el momento). Otras lo busco en la cocina, que es el lugar donde más lo encuentro este último tiempo. El aroma del pimentón es un excelente antídoto, el comino tiene una presencia fresca y soberbia, ni les cuento el vapor de una olla calentando una salsa o el crujir del pollo ansioso por un chorro de salsa de soja. La salvadora hojita de laurel, el increíble calor de las legumbres, todo es una guarida perfecta para el buen humor. Unas cuantas veces nos encontramos en el ron-ron de mi gatita Mona, con sus gigantes ojos verdosos y su manto suavecito, con una patita traviesa persiguiendo una pelotita de papel como si fuera la presa perfecta para las tardes, o en sus incansables intentos por meterse dentro del pequeño cesto del baño para robarse los hisopos. En sus insistentes llorisqueos por una tacita de leche, en ese bollito que se hace por las noches para acurrucarse en mi pecho y dormir al son de mis latidos. Está en las risas de mis amigos, en la piel de él, en los chistes mal contados por mi sobrino, en esos ojotes de mi sobrina. El buen humor está ahí, en cada lugar simple, está de manera bondadosa, está casi a los gritos, alzando las manos “eyyy, estoy acá, che!!” . Está ahí, siempre para contarme de esas cosas que no valen la pena como para amargarse, y contarme que por aquellas cosas que sí lo valen es mejor salir a hacer algo.

Entonces, un poco menos ciega y sorda, me detengo a creer que la caprichosa soy yo.

29 abr 2010

¿Cómo comprar un sillón (o intentarlo) y no morir en el intento?

Lugar: Calle Gavilán a la altura que están todas las casas de sillones.

Situación: Buscar precios, modelos y financiación para la obtención de un sillón.



Lugar Uno: inalcanzable. El vendedor habló de un montonazo de telas, importadores, fibras y no sé qué más. Yo ya no lo escuchaba.

Lugar Dos: Pisos Muchos, productos muchos, vendedores varios. El lugar parecía haber salido de una película yanqui de bajo presupuesto. Y los vendedores salidos de la tiendita del horror.

Vendedor: bueno, están buscando algo de un tamaño que me limita mucho….pero algo vamos a encontrar Síganme…(haciendo movimientos con los brazos)

A ver, vivo en un dos ambientes amplio, aún así no quiero que mi living (con unas hermosas cortinas naranjas y mi mesa de pino) este ocupado por un sillón y todo lo demás quede amontonado. Mejor es amontonarse pero de cariño, de amistad, de pensamiento…

Al señor vendedor, que hablaba raro, no le importaban mis gustos, le “seguía” la corriente a él, y se hacía el que lo entendía (¿?). Reconozco que varias veces temí que mi incontinencia jocosa brote de mi, y lance estrepitosas carcajadas al aire, dejándolas libres…pero no…



Vendedor: Bueno, de lo que vimos, cuál gustó más?

Una servidora: El que vimos primero, el de 1.70, y el del cuarto piso.

Vendedor: Pero a vos te gustó el chiquito, no?_ haciendo un guiño e intento de palmadita

Él: Si, pero ese viene en cuero ecológico solamente, no?

Una servidora: No me gusta el cuero, quiero de tela!

El sillón es para mi casa, y las circunstancias por las cuáles él me acompaña son privadas, en realidad no vienen al caso. El vendedor insistió muchas veces en el mismo punto, y por momentos más que de reír tenía ganas de empezar con un monólogo de igualdad de derechos…

Vendedor: Bueno, vamos a hacer una comparativa…. El que más gustó el del cuarto piso; Ventajas: es como que te abraza, muy mullido Desventaja: Es más caro. El segundo que más gusto: Ventaja: Es más económico Desventaja: Es cómodo pero no tanto como el primero.



Imagínese señor lector mi temita con la incontinencia carcajadil…para colmo una de las variables para elegir era que me lleguen las patitas al piso (Yo no soy bajita, los sillones eran de mucha profundidad).



Llegó la hora de sentarse más cómodos y hablar de precio y financiación….

Continuará…

Feliz Día